Somos una Familia

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Luis Enrique, Megas Alexandros y Romy

viernes, 6 de junio de 2008

SALVADO DE LA HORCA –Adaptación de un cuento medieval


En Inglaterra de la Edad Media un hombre muy virtuoso y muy querido por sus vecinos y familia, fue injustamente acusado de haber asesinado a una cortesana.


En realidad, el verdadero autor del crimen era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un "buen chivo expiatorio", para encubrir al culpable.
El pobre hombre, fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto: ¡La horca!


El juez, quien estaba previamente implicado, se cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo y, por ello, ofreció al acusado la acción de una ordalía [prueba que en la Edad Media hacían los acusados para averiguar su culpabilidad o inocencia; como la del duelo, manos en el fuego, del hierro candente, etc]
-Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de El tu destino: escribiremos en dos papeles separados las palabras “CULPABLE” e “INOCENTE”. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino


Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE”. Y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. Aparentemente no había escapatoria…

Sin embargo algo extraordinario ocurrió: el juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados. Este optó por tranquilizarse, respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon... "pero, ¿qué hizo...?, Se comió uno de los papeles! ¿y ahora...?, ¿cómo vamos a saber el veredicto...?"
-Es muy sencillo, respondió el hombre serenamente: es cuestión de leer el papel que queda, y sabrán lo que decía el que me tragué.
Así fue y, con un gran coraje disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo...

Moraleja: por más difícil que se nos presente una situación, podemos encontrar una salida utilizando tan solo el sentido común.